La atmósfera se rompió y de ella salieron cientos de fantasmas que penetraron el cielo, descendiendo como volutas de humo negro, como espectros de tinta en un gran vaso de agua.
Miré hacia arriba y el terror me dejó sin aliento mucho antes de que pudiese siquiera escupir un gemido. Una lágrima consiguió escapar hasta el suelo, pero no era mía. Puedo jurarlo sobre la Biblia.
Allí, sentado en aquel banco, pensé en la soledad que me dejaban tus labios. En la humedad de tus silencios. En lo tosco de tus despedidas. En el regusto a carbón de tu mirada. Pensé en todas tus curvas y las recité de memoria. Me atasqué varias veces y maldije el tiempo, la negrura del tiempo ya sin luz ni lluvia dentro. El rencor de tus memorias mudas me ardía. El porqué de tus silencios. La razón de tu tormentosa despedida, a trompicones, compitiendo contra el miedo, luchando contra el viento.
Aquellos fantasmas seguían acercándose y yo seguía mirándolos de frente. Los llamé de lejos. Los invité a una copa y a una partida de poker, y usé tu puñetera camisa blanca de tapete.
Resulta evidente averiguar quién gano. Y que tú y yo empatamos a cero.
Miré hacia arriba y el terror me dejó sin aliento mucho antes de que pudiese siquiera escupir un gemido. Una lágrima consiguió escapar hasta el suelo, pero no era mía. Puedo jurarlo sobre la Biblia.
Allí, sentado en aquel banco, pensé en la soledad que me dejaban tus labios. En la humedad de tus silencios. En lo tosco de tus despedidas. En el regusto a carbón de tu mirada. Pensé en todas tus curvas y las recité de memoria. Me atasqué varias veces y maldije el tiempo, la negrura del tiempo ya sin luz ni lluvia dentro. El rencor de tus memorias mudas me ardía. El porqué de tus silencios. La razón de tu tormentosa despedida, a trompicones, compitiendo contra el miedo, luchando contra el viento.
Aquellos fantasmas seguían acercándose y yo seguía mirándolos de frente. Los llamé de lejos. Los invité a una copa y a una partida de poker, y usé tu puñetera camisa blanca de tapete.
Resulta evidente averiguar quién gano. Y que tú y yo empatamos a cero.





