La partida del solitario

La atmósfera se rompió y de ella salieron cientos de fantasmas que penetraron el cielo, descendiendo como volutas de humo negro, como espectros de tinta en un gran vaso de agua.

Miré hacia arriba y el terror me dejó sin aliento mucho antes de que pudiese siquiera escupir un gemido. Una lágrima consiguió escapar hasta el suelo, pero no era mía. Puedo jurarlo sobre la Biblia.

Allí, sentado en aquel banco, pensé en la soledad que me dejaban tus labios. En la humedad de tus silencios. En lo tosco de tus despedidas. En el regusto a carbón de tu mirada. Pensé en todas tus curvas y las recité de memoria. Me atasqué varias veces y maldije el tiempo, la negrura del tiempo ya sin luz ni lluvia dentro. El rencor de tus memorias mudas me ardía. El porqué de tus silencios. La razón de tu tormentosa despedida, a trompicones, compitiendo contra el miedo, luchando contra el viento.

Aquellos fantasmas seguían acercándose y yo seguía mirándolos de frente. Los llamé de lejos. Los invité a una copa y a una partida de poker, y usé tu puñetera camisa blanca de tapete.

Resulta evidente averiguar quién gano. Y que tú y yo empatamos a cero.

Prohibido


Prohibido, originalmente cargada por engarbo.

Agua pasada

Es una noche triste. Por lo menos a mí me lo parece. Las calles están vacías y en silencio, y caen gotas del cielo. Como un presagio.
Me he acordado de aquella vez que salimos a pasear bajo la lluvia. Cuando todo era diferente y emocionante.
Pero el tiempo pasa. Y de repente me veo con el grupo preparando las nuevas canciones para el programa de radio de un amigo.
Quién me lo diría. Uno de mis sueños se cumple.
Pero el conjunto es agridulce.

La lluvia aprieta y las incógnitas se siguen sumando a mi camino, aunque elegir a qué quiero sonar resulta más fácil que elegir quién quiero ser. Quién quería ser.
Mucho se ha perdido bajo esta lluvia.
Poco más tengo que decir.

Más madera

Los he visto. Ahogados en sus propias penas. Atrapados por sus pasados. Arrodillados ante sus temores. Ausentes en la vida. Los he visto con mis propios ojos. Blandiendo principios de dudosa moral. Besando en la boca al Pecado, borrachos de amargura y aguarrás. Y fue una casualidad deliberada, porque yo también había ido en busca del licor más barato: la oscuridad del callejón.

Allí me los encontré, mirándome desde la negrura como sucias alimañas. O eso pensé, entre el regocijo de creerme superior por haber salido a no derramar las lágrimas que me causaba tu desinterés y la creciente sensación de ira post traumática.

Pero las palabras no eran lo mío. Ni las lágrimas. Y a tí te importaba todo un carajo. Habían pasado siete meses y el mejor resumen que dejaste en mi vida fue un cementerio de plantas muertas en el salón.

Sé que parecerá una locura, pero quiero que lo sepas.

Llegué a casa como pude. Me gustaría poder decir que me intentaron robar. Que el tipo huyó. Que alcancé al intento de ladrón en la gasolinera y le di una soberana paliza. Que llegó la policía y me dejó dos días en el calabozo. Que conté las horas pensando en tí. Pero no fue así. Llegué a casa y probablemente le dí dinero de más al cabrón del taxista. Mi cartera está tiritando. Quizás sí que me robasen, qué más da. Me metí en la cama. Se me antoja infinitamente vacía sin tí. Sabes que en invierno me gustan las sábanas frías. Me recuerdan que estoy vivo y me hacen olvidar los besos que me dabas bajo ellas.

Soñé contigo, por primera vez desde hacía meses. Soñé que navegábamos por los cayos de Florida y veíamos cohetes despegar. Y soñarte me hizo olvidar los errores de cálculo de mi vida.

Así que, como tú eres la experta, dime, ¿a qué huelen los trenes sin tu reflejo en el cristal? Y, sobre todo, ¿se puede velar un sueño si se enciende la luz?

Yo no me la juego.

Distancias cortas

Te tuve a dos metros de mí y no te dije nada. Te tuve a dos metros de mí, yo que me prometí que no volvería a verte allí sentada, en el sitio de siempre, junto a la ventana, y no fui capaz de acercarme y así volverme a mentir una vez más. 

Pareciera como si el tiempo no cumpliese tampoco su promesa y rompiera conscientemente la tregua que tanto nos costaba mantener. A él y a mí. Tú nunca quisiste plantar tu firma en el muro de las lamentaciones. Siempre fuiste más de corazones extraviados que de viejos recuerdos enviados por paquetería urgente. Remover el pasado no te sugería más que silencio. 

Antes de marcharme me permití robarte una mirada más desde aquellos dos metros que nos separaban, sin saber que el resplandor de tus ojos pasaría a perseguirme estando despierto.

Belgrado skyline


Belgrado skyline, originalmente cargada por engarbo.

De la muerte de Dios al agnosticismo místico

Conversaciones con Bárbara Grande

Todos hemos fantaseado con el suicidio. El morbo de controlar tu vida y el regocijo de saber cómo te recordarían. No tiene más importancia.
 
Lo normal es estar muertos, o no haber nacido, y la excepción, la asimetría, es andar por ahí (Pániker).

Dios está muerto (Nietzsche) y, sin embargo, sigue danzando en casa de todos. ¿Cómo se explica eso? ¿Por Heisenberg?

¿Supervivencia de los que, ignorantes, lo inventan excusando sus pecados?

¿Y lo inventan para después matar a su hijo por esos mismos pecados? Ignorantes, homicidas y esquizofrénicos, entonces.

Humanos, al fin y al cabo. Si la Tierra estuviese habitada por dioses, no habría hibridismos ni esquizofrenia.

Si la tierra estuviese habitada por dioses existirían los humanos y, por tanto, no los dioses.

Puerto de montaña

Avería y Redención. El contratiempo es Juez y Parte.
Es imposible no entenderlo.

Arena y cal

La situación era insostenible. La escena, dantesca. Sus ojos estaban a apenas un palmo y eran incapaces de mirarse. El filo de las palabras que no decían se iba clavando lentamente en lo más profundo del pecho del otro, directamente en el corazón. El silencio era atronador. Nuclear. Cancerígeno. Tan dañino para el alma que no había nombre para tal pecado.

Y así seguían, sin mirarse, sin tocarse. El sol bañaba sus pies. La arena mecía sus miedos. Y las olas calmaban el ansia de poder salir corriendo. Aquello era una prisión y no se estaban dando cuenta de cómo se les escapaba la vida, la juventud. Las canas y las arrugas se reían, maliciosamente. Las ganas de quererse explotaban en cada suspiro.

La situación. La escena. Como un cuadro pintado hace siglos. Movimientos captados al momento, reflejados en un lienzo, opacos, quietos en el tiempo. ¿Cómo se define esta aberración? ¿Acaso hay palabras para describirlo?

¡Qué vergüenza! ¡Qué pena tan grande! ¡Dos enamorados que no quieren dejarse querer!

Cuando falta el pan


¿Qué hora es?
Son las cinco menos diez.
Bueno, aún tenemos tiempo, ¿no?
Apenas diez minutos antes de que me vaya a Madrid.
¿Más lejos no te podías ir?
Me lo dice el Eslovaco.
Esloveno.
Qué más da, joder.
No te enfades.
No me enfado.
… Bueno, pues yo sí que me enfado.
Ya estamos …
Claro que estamos. Dime, a ver. ¿Qué hago yo ahora sin tus ojos?
Nunca los has tenido.
Porque nunca me has dejado tenerlos.
Son míos y de nadie más.
¿Entonces para qué me sigues llamando?
No sé.
No sabes…
Curiosidad.
¿Curiosidad? La primera vez. Y la segunda. Vale. Pero llevamos un año así.
Nunca te atreviste.
Nunca me dejaste.
Eso no es verdad.
Siempre que llegábamos a tu portal salías huyendo. Apenas te despedías.
No me gustan las despedidas.
¿Entonces por qué me has traído a la estación?
Para poder decirte “hasta luego”

Pues hasta luego, corazón.

Bourbon y blues


Sus ojos son del color de la miel. Del caramelo. Canela en rama. Su mirada es acero en la piel. Como una estocada en mitad de la plaza.

Su piel es de trigo y lavanda. Como los campos de labranza de Andalucía. Con ese toque a verde olivo. Cetrino. Aromático. Imperial.

Su pecho: sutil y liviano. Elegante. Apenas una capa de piel morena sobre su esternón. Tan delgada que parecieran verse los latidos de su corazón.

Su pelo: azabache en llamas. Como la negrura de una noche sin estrellas. Como el alma de un hombre solitario. Como el grito silencioso de la pena. Como mi corazón sin sus labios.

Esos labios que saben a Hammond y a blues. A bourbon y a destrucción. Como la inquietante calma que viene después de un huracán. El segundo antes de una explosión. Un reventón en el núcleo del reactor. El silencio de una cama vacía para dos.


Me encantan estos días. Agosto siempre se va llorando. La playa, desierta, es toda para mis sueños.
Pero no sé seguir soñando.

Charlotte

Mi vida sin tí

Una cama sin besos
una noche de excesos
una almohada sin carmín
un armario sin camisas
un espejo sin sonrisa
una flor sin jardín

Oh, sister

"Oh, Sister", Desire (1976) - Bob Dylan.

Oh, sister, when I come to lie in your arms
you should not treat me like a stranger.
Our Father would not like the way that you act
and you must realize the danger.

Oh, sister, am I not a brother to you
and one deserving of affection?
And is our purpose not the same on this earth,
to love and follow His direction?

We grew up together
From the cradle to the grave
We died and were reborn
And then mysteriously saved.

Oh, sister, when I come to knock on your door,
Don't turn away, you'll create sorrow.
Time is an ocean but it ends at the shore.
You may not see me tomorrow.


Wilderness

 

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